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» » » » CUANDO LA MASCULINIDAD MATA



Tras el crimen de Fernando Báez Sosa el país reclama justicia y la problemática de la violencia en el rugby y la impunidad de la que gozan algunos sectores quedaron en evidencia. De Paso Nomás dialogó con dos psicólogos para tratar de encontrarles respuestas a las preguntas que la sociedad se está haciendo en estos días.

Un chico tirado en la vereda de un boliche. Otros diez atacándolo a patadas. La gente que pasa observa. Otros filman y ríen. Un último golpe en la cabeza deja inconsciente a Fernando Báez Sosa, el joven de 19 años que fue trasladado al hospital de Villa Gesell donde los médicos lo declararon muerto.

Los imputados tienen entre 18 y 20 años y forman parte del equipo de rugby del Club Náutico Arsenal de la ciudad de Zárate. El resto se conoce. El caso adquirió mediatización rápidamente y las distintas opiniones a través de las redes se hicieron escuchar. 
¿Es el rugby un deporte violento por naturaleza? ¿Es el alcohol en los jóvenes una problemática? ¿Cuánto influye la violencia y el no poner límites en la crianza? ¿Qué grado de responsabilidad tienen los padres? ¿Es una consecuencia más del patriarcado?
De Paso Nomás dialogó con la Lic. Yanina Mandarino, psicóloga especialista en orientación en crianza, y Raúl Zamorano, psicólogo que trabaja en abordaje de consumos problemáticos.

¿Se podría decir que somos violentos por naturaleza y es la sociedad la encargada de moldear nuestro carácter?

YM: Freud planteaba que el hombre tiene naturalmente cierta cuota de pulsiones agresivas que la cultura ayuda a contener. Por otro lado hay teorías más actuales con investigaciones realizadas con niños pequeños que plantean que los seres humanos somos colaborativos por naturaleza. Es muy claro ver en estas investigaciones cómo los niños tienden a ayudar cuando un adulto lo necesita y está a su alcance. Habría que pensar qué sucede luego.
RZ: Ésto puede ser abarcado desde muchos puntos de vista. Lo que sí se podría decir es que es la sociedad la que nos pone los límites y comenzamos a estar regulados por la ley una vez que la cultura nos atraviesa.

¿Cuánto influye el entorno y el crecer en un ambiente violento?

YM: El entorno y el ambiente son muy importantes. Sin embargo hay personas que han crecido en un ambiente violento y han tenido una capacidad muy grande de resiliencia, es decir, de salir fortalecidos a pesar de esas situaciones. Con ésto quiero decir que no es determinante, pero obviamente no es saludable para el crecimiento de ningún niño o niña, ni para ninguna de las personas que sean parte de él.
RZ: La primera institución primordial es la familia, luego comenzamos a ser atravesados por la institución escuela y a medida que crecemos por muchas otras. En el caso de los rugbiers, esta institución está atravesada por el discurso de la aristocracia. Es algo que viene del bagaje histórico de nuestro país y de la sociedad. En términos muy generales no deja de estar empapada por esta cuestión machista patriarcal que nos hace pasar por rituales que hasta no hace mucho se naturalizaron. Los abusos y el tener las primeras relaciones sexuales con prostitutas formaba parte del folclore del deporte, y no sólo en el rugby.

¿Qué consecuencias puede acarrear en la adultez?

YM: Una de las consecuencias más graves que puede darse cuando se vive en un ambiente donde reina la violencia es naturalizarla. Hoy en día tenemos muchos adultos que dicen “mi papá me pegaba con el cinto o mi mamá me daba un chirlo en la cola y aquí estoy, no me pasó nada”. Sin embargo yo creo que sí les pasó: naturalizaron la violencia al punto de verla como una forma válida de método de enseñanza, o como una forma de vincularse con un otro, y lo más probable es que se la repita. Creo que muchas veces se confunde la crianza respetuosa con la crianza sin límites, y nada más lejos que ésto. Los niños y niñas necesitan límites, que se los transmitamos, que les enseñemos cuáles son las normas y las reglas de la sociedad en la que vivimos, pero siempre con respeto y amor. Se puede ser firme y amable a la vez. Los niños y los adolescentes más aún suelen estar muy solos. Necesitan adultos presentes, que estemos atentos de sus sentimientos y emociones, que los observemos y escuchemos.

Los casos de bullying y acoso escolar se dan cada vez en edades más tempranas. ¿Se puede hablar de una naturalización de estas situaciones? ¿Creés que faltan políticas al respecto? ¿Cuáles deberían ser?

YM: Creo que es un problema complejo que nos compromete como sociedad. No pienso que sea un problema de la actualidad, sino que es un tema que ahora por suerte estamos visibilizando más y haciéndonos cargos de que sucede. Sin embargo, creo que faltan muchas políticas públicas que ayuden a las familias y a los docentes en estos casos. Es necesario que se le dé la importancia que la salud mental merece porque sin salud mental no hay salud.

¿Cuánto influye la cultura patriarcal en estas situaciones?

YM: Creo que tiene mucho que ver porque los hombres fueron criados para reprimir lo que les sucede y no ponerse en contacto con lo que les pasa, y las mujeres para ser más emocionales y contenedoras. Entonces nos encontramos con hombres que no pueden reconocer sus emociones y expresarlas de una forma saludable, y por eso recurren a la descarga corporal. Lo que no se puede mediar con la palabra se pone en acto. Por eso es importante que se le de la relevancia que merece a la educación emocional en todos los niveles de la educación.
RZ: La cultura patriarcal influye soberanamente en todos los deportes y en la cotidianeidad de nuestro hacer. ¿Por qué no se ve que mujeres que practican rugby o cualquier otro tipo de deporte asesinen a otra? Por supuesto que hay casos aislados, pero hasta el día de hoy se sigue hablando de hombres que matan a otros hombres, hombres que matan mujeres, hombres que violan hombres, hombres que violan mujeres. Todo responde a cuestiones históricas del lugar que debe ocupar un hombre en la sociedad y a reforzar estereotipos de masculinidad que ya no corresponden.

¿Se podría comenzar a hablar de una crianza con perspectiva de género?

YM: Soy de las que creen que la perspectiva de género tiene que ser una forma de pensarnos como sociedad. Necesitamos pensarnos con perspectiva de género tanto en la crianza como en la forma en que abordamos al ser humano en general.

Hay distintas opiniones al respecto. Muchos hacen alusión a la problemática del consumo de alcohol y drogas como origen de estas situaciones. ¿Qué opinión tenés al respecto en cuanto a tu trabajo diario?

RZ: Ésto no tiene nada que ver. No es el alcohol, no son las drogas. La masculinidad es lo que mata. El alcohol u otras drogas lo único que hacen es desinhibir la “masculinidad reprimida” en el día a día.

¿Qué responsabilidad tiene este deporte que usa la fuerza y la violencia como arma?

RZ: La influencia que tiene cualquier deporte de contacto atravesado por la cultura de nuestro país. Totalmente negativa. A raíz de todo ésto salen a la luz más aberraciones de este tipo que se repiten en todos los lugares de Argentina. Pero si vamos a hablar de entornos violentos no tenemos que ser hipócritas y dejar de lado las clases sociales. Sus actos no tienen consecuencias porque siempre fueron amparados por la ley. El no tener sanción de un acto trae consecuencias de repetición. Hay una doble moral en el discurso. Todos dicen que no debemos generalizar, que no todos los rugbiers matan, eso ya lo sabemos. Pero diferente es cuando un pibe con una vulnerabilidad mucho mayor mata a alguien. Ahí es cuando hay que matar a todos los villeros. Es la doble moral que nos atraviesa a todos como sujetos.

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