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La semana pasada fuimos testigos de cómo un joven de Balcarce era una nueva víctima del ciberpatrullaje en redes sociales. ¿Hasta dónde es legal esta práctica? ¿Qué tan expuestos estamos como usuarios y qué podemos hacer para garantizar que no se viole nuestra privacidad? Entrevistamos a Javier Pallero, analista de Access Now.

 Javier Pallero es analista de Políticas Públicas para Internet de América Latina y el Caribe en Access Now, organización dedicada a los derechos humanos, la política pública, y el activismo por la defensa del Internet abierto y libre, lo que nos mete de lleno en el tema de hoy.

 La semana pasada un tweet desató la alerta en el Área de Ciberpatrullaje de Gendarmería. "Che qué onda los que no cobramos el bono de 10 mil pesos, sigue en pie lo del saqueo no?", había escrito Kevin en su cuenta de Twitter. El joven de 21 años de la ciudad de Balcarce quedó en la mira de la justicia bajo la calificación de delito de intimidación pública. No es la primera vez que ésto sucede: bajo el gobierno de Mauricio Macri se hizo conocido el caso de Nicolás Lucero, quien fue detenido por twittear una canción contra el expresidente. La historia continúa repitiéndose y seguimos sin ser dueños de nuestro derecho a la libertad de expresión.

 “Esta práctica empezó en el 2013 en la ciudad de Buenos Aires con gente de Inteligencia que trabajaba para el gobierno de la ciudad, luego empezó a implementarse por la agencia recaudadora de impuestos y con el mandato de Patricia Bullrich se terminó de instalar. Es una conducta totalmente ilegal que va en contra de lo que determina la Ley de Inteligencia que afirma que sólo se pueden utilizar este tipo de herramientas mediante órdenes judiciales en el marco de una causa penal. Uno cuando se expone en internet elige exactamente qué exponer y para quién, pero no para la vigilancia sistemática por parte de un miembro de las fuerzas de seguridad. Eso trae varios problemas: primero una violación a la privacidad por parte de un agente del Estado, y segundo, una violación a la libertad de expresión que genera un efecto inhibidor”, expresó Pallero al ser consultado por DPN.

 La violación a la privacidad en internet parecer ser moneda corriente y en tiempos de pandemia queda más que expuesta: cientos de gráficos sobre ciudades y lugares del mundo que están cumpliendo o no la cuarentena recorren a diario las redes sociales. El analista recuerda que los datos se obtienen de estadísticas del gobierno, información de empresas de telecomunicaciones o la ubicación obtenida a través del GPS de nuestros celulares. Sin embargo, bajo ningún término los datos brindados pueden ser utilizados con otro fin más que para el que le dimos autorización.

 “El problema está en que perseguir a las personas y tener un control permanente sobre lo que hacen, es una vigilancia. Si aceptamos que recojan nuestra ubicación para recibir recomendaciones sobre por qué ruta ir o anuncios sobre ofertas en tu zona, es un objetivo específico. Pero si el Estado toma datos aunque tenga cierto poder en una situación de emergencia pública, la finalidad y la forma en que lo hace debe ser transparente, con consentimiento del usuario, limitado en el tiempo, y bajo los requisitos contenidos en la Ley 25.326 de habeas data”.

 La pregunta que nos queda por hacernos entonces es qué podemos hacer como usuarios para limitar el acceso a nuestra intimidad. “Nada más que no permitir que los gobiernos abusen de su poder para usar tus datos sin permiso o para algo que no se lo diste. Los usuarios tienen que tener conciencia de que tienen derechos. Soy escéptico de esas recomendaciones sobre qué apps usar o no, si llevar o no el celular… no se lo podés pedir a un viejito o a alguien que no maneja la tecnología que se cuide sola porque hay cosas que no pasan por uno. La tecnología se volvió algo súper complejo y el usuario no tiene por qué estar defendiéndose del Estado”.

 En un mundo donde la tecnología adquiere cada vez más protagonismo es imprescindible que se ponga sobre la mesa el debate sobre cómo regularla para poder utilizarla como una herramienta esencial para acceder a nuestros derechos: “Cualquier tecnología es un arma de doble filo: con un cuchillo matás y cortás el queso. Lo que se regulan son las conductas, los delitos, las estafas, las noticias falsas cuando generan cierto tipo de alarma también son punibles. Ahí es donde están las discusiones que hay que tener. La tecnología es neutral y se puede diseñar para que sea mejor, más respetuosa de los derechos. Siempre va a estar el factor del uso que le demos nosotros y ahí vamos a tener que aceptar los costos”.

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