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» » » EL VERTICALISMO ESTÁ EN EL ADN

Licencia: CC BY 4.0
Autor de la foto: Gobierno argentino.

Esta fue una entrevista realizada en 2016 para el taller de Política Nacional de TEA en el marco de un parcial sobre el Partido Justicialista. No se han realizado ediciones posteriores a la fecha de entrega.

Por: Tomás Marchetta y Camila Faija.

Mario Cafiero militó en la Juventud Peronista, acompañó a su padre en la renovación y llegó a ser diputado Nacional dos veces. En su primer período como legislador, su interés por la deuda externa lo llevó a romper con el PJ y presentarse por la reelección bajo Afirmación por una República Igualitaria (ARI), la incipiente fuerza de desencantados con la Alianza. “Ahí me salgo del “corralito” peronista y empiezo mi derrotero político”, ironiza.

Sin embargo, no se arrepiente. “Hubiese sido más cómodo quedarme y atornillarme a una banca de por vida, pero haberme ido, me permitió conocer otras realidades políticas y enriquecerme intelectualmente”, reflexiona. 

Felipe Solá afirmó alguna vez que “para llegar hay que hacerse el ‘boludo’”, “yo decidí no hacerme el otro y vivir plenamente lo que creí que debía hacer. Ojo, soy peronista. De sentimiento. Mi viejo me enseñó a pensar críticamente y eso hago”, declara.

-¿Se puede hablar de una izquierda y una derecha peronista?

Yo no hablaría de ‘derecha’ e ‘izquierda’ en el peronismo. El PJ sufrió dos procesos que lo marcaron: el menemismo y el kirchnerismo. Dos procesos bastante distintos en ciertos rumbos y muy similares en otros. Lo que existe en el movimiento es el verticalismo, que es una ruta genética. El verticalismo está en el ADN del peronismo.

-¿A qué se refiere?

Es decir, una tendencia a buscar un líder y agruparse bajo su figura. Esta característica, que lamentablemente subsiste, llevó a que tanto en el gobierno de Menem como en el de los Kirchner no hubiera espacio para el disenso interno. Esa lógica de todo o nada es lo que impidió al peronismo a generar buenos gobiernos. Faltaron instancias de debate interno que hubieran permitido corregir y poner frenos a las malas decisiones. 
En definitiva, el gran perjudicado es el pueblo porque no hay un proyecto nacional, sino un partido que busca poder.

-¿Cómo se organiza el PJ después de la derrota en 2015?

Hay sectores que siguen pensando que Cristina es quien debe seguir conduciendo el peronismo, que encima no han hecho ninguna autocrítica del porqué de la derrota. Tomemos el caso de la provincia de Buenos Aires: el peronismo pierde la gobernación con una ignota dirigente como María Eugenia Vidal y para perder con alguien así, el peronismo hizo las cosas muy mal. En el otro extremo, hay un sector que se fue del kirchnerismo.

-¿Sergio Massa?

Exacto. Él sale del Frente para la Victoria (FPV) y comienza a constituirse un camino propio. Le cuestiona la conducción a Cristina, se va del FPV y les gana en 2013. En el medio, se encuentra toda esa pila de dirigentes como Daniel Scioli, Juan Manuel Urtubey, y los Rodríguez Saá, que también pelean por la conducción del partido.
 
-¿Cómo se resuelve esta disputa?

Qué pregunta. Yo creo que no se resolverá de forma interna, sino por fuera de la estructura partidaria y con las elecciones de medio término de 2017. Quien saque más votos, será la nueva figura que englobará a todo el peronismo y definirá la estrategia hacia 2019.

-¿Qué sucede con el sindicalismo? ¿Cuál es su relación actual con el peronismo?

El sindicalismo en los últimos tiempos ha perdido mucho peso porque la sindicalización del obrero en estos tiempos es mucho menor que en los de Perón. Podrían ser una fuente para potenciar la renovación y reestructuración del peronismo, pero carecen de los dirigentes para llevarla adelante y no les preocupa mucho realizarla porque ya saben que se sumaran al que gane en 2017. Además, la lógica política se mueve más por el dinamismo de los gobernadores y legisladores que por el armado sindical.

-Hay quienes sostienen que “el peronismo no está acostumbrado a ser oposición”, ¿coincidís?

No, ni por un segundo. El peronismo sabe ser opositor. Fue opositor en los gobiernos militares, con Raúl Alfonsín, con Fernando de la Rúa y ahora con Mauricio Macri. En líneas generales, no veo al peronismo como un partido que no se pueda incorporar al fuero democrático.

-Entonces, cuando el peronismo ejerce el rol de oposición, ¿lo hace de la misma manera?

No, depende de la coyuntura. Primero, tenés la resistencia peronista del 55 al 68 que fue gremial y de los sindicatos. Luego, sigue el período de guerrillas peronista encabezado por Montoneros, que fue mucho más organizado y violento. Durante el alfonsinismo, hubo un peronismo que aceptó la derrota y soportó el vendaval alfonsinista.

-Su padre fue uno de ellos.

Sí. Él quiso democratizar el peronismo y convertirlo en un partido institucional que realice internas y congresos. El peronismo no tenía nada de esto. Venía de una cultura de la resistencia y de la proscripción, no es que eran todos fachos. No había un mecanismo democrático porque había estado proscripto durante 18 años. Mi padre se paró en el balcón con Alfonsín y ahí marcó el camino. Las oposiciones siempre tienen que mantener todo en el marco de la democracia.

-¿Hubo dirigentes que se le opusieron?

Sí. Hubo un sector que no lo hizo y que fantaseó con la idea de un golpe: los Carapintada tenían un tufillo peronista. 

-¿Jugó el peronismo un rol desestabilizador en el 2001? 

El peronismo no provocó el 2001, sino que fueron los errores propios de la política económica de Domingo Cavallo. Decir que “no hay más plata en la calle” generó un malestar social en el cual los intendentes tuvieron que ponerse al frente de la protesta. No con intención golpista, sino de conducir a quienes los habían elegido.

-Y ¿en la actualidad?

Massa está siendo un opositor suave y muy cercano. El FPV está todavía herido y a veces “tiran piñas” sin ver a dónde: en vez de acusar a Macri, deberían realizar una acusación sobre sí mismos y preguntarse cuánto lo que se está viviendo es responsabilidad suya. La primera autocrítica es asumir que sus errores llevaron a que Macri sea presidente. “Cristina lo hizo”, sería la frase.

- ¿Por qué lo dice?

Cristina no podía soportar ver a otro conduciendo el peronismo. Además, ella tiene bien en claro cómo funciona el verticalismo peronista. Quiso evitar el abandono haciendo una especulación política: Scioli pierde, pero Aníbal Fernández gana la provincia. De esa manera, aunque perdiera la presidencial, conservaba el distrito más importante y seguía al mando del peronismo. Lástima que le fallaron los cálculos.

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